miércoles, 4 de enero de 2017

La hora de levar anclas

Existe un nuevo orden en el fútbol del norte de Europa. La ascensión islandesa ha coincidido con los cambios de ciclo sueco y danés. Y mientras uno empieza a ver la luz sin Zlatan, a los de Hereide les cuesta aplicar una personalidad definida a su juego a pesar de ver como le florecen piezas excepcionales. Son diferentes formas para encontrar el camino hacia un gran torneo internacional, algo que en Noruega no degustan desde el año 2000 en Bélgica y Países Bajos.


La tesitura noruega es diferente a todas las demás, con menos tradición futbolística y sobre todo menos medios que sus compañeros del sur y este de Escandinavia, rozaron la última Eurocopa (¿Quién no lo hizo?) con una generación que tres años antes había llamado la atención desde el maltrecho césped de Drammen. Noruega sub’21 disfrutó de la Eurocopa de la categoría tras eliminar a la Francia de Varane, Lacazette e incluso el propio Griezmann en el playoff y posteriormente se cargó a los ingleses dirigidos por Henderson, Rose o Zaha. Todo ello con un puñado de jugadores prometedores que intentaban seguir la corriente de buen trato de balón que reina en los últimos tiempos en el fútbol mundial.

Esa generación estuvo posteriormente a disposición de un Per-Mathias Høgmo que fue contando con ella progresivamente en la absoluta. Los saltos al extranjero de jugadores como Nyland, Strandberg, Johansen, Eikrem o Berget ilusionaron con un salto de calidad en el fútbol noruego que nunca llegó. Las piezas no eran las mismas, pero nada había cambiado en la anticuada manera de ver el fútbol que utilizaba anteriormente "Drillo" Olsen. El fútbol absolutamente físico, aquel que por otra parte sigue reinando en el fútbol local, no conseguía poner en problemas a los equipos superiores y por el contrario, minimizaba el evidente potencial noruego ante equipos conservadores. El mayor logro de ese continuismo fue la victoria ante Croacia en Oslo que posibilitó una repesca de la que Noruega saldría humillada por una idea de juego mucho más consistente, como Hungría mostraría en suelo francés. 

Y llegados a este punto, es donde merece la pena nombrar otro factor relevante. El debut de jóvenes talentos (algo resumido como la fiebre Ødegaard) añade a la ecuación un puñado de jugadores todavía más técnicos que pide a gritos un cambio. Ellos, por su parte, consiguieron rozar otra vez el Europeo U21 pese a ser prácticamente sub’19 en algunos casos. Pero esta vez se cruzan con una Serbia mucho más atenta que había sido –en su mayor parte- campeona del mundo sub’20 un año antes. 

Tras la marcha de Høgmo, el fútbol noruego se encuentra en la tesitura de elegir por donde quiere continuar su camino con el 25º seleccionador de su historia. El dilema está en repetir la decisión continuista tomada en 2013 -lo que seguramente le igualaría con una hundida Finlandia- o dar un paso adelante que le coloque más cerca del resto de sus vecinos. Materia prima parece existir aunque para su desarrollo siga sin siendo absolutamente fundamental su salto a otras ligas europeas.


La Noruega del futuro:

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