miércoles, 8 de junio de 2016

El cholismo a la islandesa

No parece sencillo encontrar 23 futbolistas con los que formar una selección competitiva en un país de apenas 330.000 habitantes. Ese era el panorama que se encontraban los seleccionadores islandeses en los 90, cuando solo algún jugador daba el salto al fútbol continental. Poco a poco en sitios como Vestmannaeyjar, Akranes o la propia capital fueron popularizándose los estadios cubiertos, proporcionando a las nuevas generaciones la posibilidad de jugar a su deporte favorito durante todo el año.


La primera señal del crecimiento del fútbol islandés llegó en 2011, cuando tras quedar por delante de Alemania en la fase de grupos y eliminar a Escocia en el play-off, un grupo de veinteañeros se plantaron en la fase final que se jugó en Dinamarca. Ese fue el punto de partida para una generación que se quedó a un partido del Mundial de Brasil y que reforzada por otros chavales que rozaron la gesta de 2011 cuatro años después, han alcanzado su primer campeonato continental en categoría absoluta. Así, la cita francesa es la confirmación de que aquel joven talento que despuntó en Reading o el delantero fortachón del AZ estaban destinados a algo grande.

El equipo del tándem sueco-islandés que forman Lagerbäck y Hallgrímsson ha alcanzado su máximo nivel en base a un 1-4-4-2 donde prima la fortaleza del conjunto, donde hasta su estrella –Gylfi Sigurdsson- se sacrifica como mediocentro y a base de intensidad intentan camuflar sus carencias. Porque pese a la evolución conseguida, la parte defensiva sigue mostrando un nivel que no está acorde con el resto del equipo con mayoría de jugadores ganándose la vida en las ligas nórdicas.

Quizás, el mayor ejemplo de esto es el guardameta Halldórsson. Superior a sus compañeros de posición, ha conseguido firmar buenas temporadas en Tippeligaen pero no ha llegado a encajar en Eredivisie, donde sus fallos penalizaban más, teniendo que regresar. Aunque el mayor problema está en los laterales, propiciando inventos como ver a Theódór Bjarnason –extremo zurdo en Aahrus- sufriendo en el lateral diestro. Por suerte, la llegada de Saevarsson a Hammarby le proporcionó de unos minutos al inquilino habitual de la posició como para recuperarla.

El centro de la zaga, lento y algo torpe con balón pero con muchos centímetros con los que dominar el juego aéreo ha sufrido un cambio con la entrada de Ingason. El central, con las mismas características que sus compañeros de posición, ha saltado de Islandia a Bélgica en apenas dos años dejando buenas sensaciones para terminar adelantando a Árnason en la recta final.

En la sala de máquinas es innegociable la presencia de la pareja Aron-Gylfi con unos roles perfectamente definidos dejando de lado toda duda si el mediapunta del Swansea es capaz de sacrificarse defensivamente. Mientras que en fase ofensiva, Gunnarsson se encarga del primer pase a la hora de iniciar y es Sigurdsson quién se descuelga y pone la mayor parte de creatividad del equipo mostrando su excelente golpeo que le ha situado como el máximo goleador. 

Y en los extremos, la aparición de Traustason –que ha dejado fuera a Smarason y Gíslason- ha permitido tener cuatro piezas con las que combinar según las exigencias, ya que el nuevo jugador del Rapid Wien es desborde y llegada al igual que Gudmundsson. Mientras que Birkir Bjarnason es un mediapunta más creativo y Hallfredsson la pieza con la que sellar la banda cuando es necesario sermás sólidos defensivamente. Por último, en la parte ofensiva Sigthorsson ha ido cambiando de pareja durante toda la clasificación, siendo Finnbogason con casi toda probabilidad el que termine haciéndose con el puesto por delante de un currante como Bödvarsson o del veterano Gudjohnsen que pese a estar en los últimos retazos de su carrera, sigue teniendo sitio. 

Seguramente a la convocatoria le falte fondo de armario, algo que sería un lujo para esos 330.000 islandeses que estarán representados en una cita histórica para ellos y que mostrará al mundo que el fútbol islandés llega con mimbres para competir sin ser ninguna locura alcanzar los octavos de final en un grupo donde portugueses y austriacos parten con ventaja.


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