jueves, 14 de mayo de 2015

Un peón feroés

Era una final desigual, por una parte el København, gigante danés que para más inri jugaba en casa al ser Parken también estadio nacional. Mientras que enfrente aparecía, casi miedoso y sin que sus aficionados consiguiesen llenar su fondo, el Vestsjælland. Un equipo con apenas 7 años de historia desde que naciese a partir del Slagelse B&I y que tiene casi comprado el billete de vuelta a 1.div. 


Así, que el København comenzase acaparando toda la posesión no sorprendió a nadie, mientras que los vikingos cerraban filas en torno a su portero y buscaba en largo al gigante griego Vellios. El guión, tan desfavorable para el equipo pequeño, le funcionó a la perfección cuando asomaron las carencias del rival, que sin desborde se chocaba una vez tras otra con el muro que había preparado Michael Hansen para una ocasión tan especial. Y no solo eso, si no que consiguió aprovechar la única arma que tenía para hacer daño -el balón parado- y sacar partido de una mala salida de Andersen para adelantarse en el marcador.

Solbakken que aunque no le estén saliendo las cosas, tonto no es. Optó por mover ficha y abrir el campo en el segundo tiempo, moviendo a Jorgensen a una banda que se juntaría con Remmer, mucho más ofensivo que un estéril Høgli. No tardarían mucho en darle la vuelta, aprovechando que el rival tuvo que defender más abierto. Lo que fue un mazazo para Vestsjælland que anduvo varios minutos medio noqueado, hasta que su técnico lanzó un órdago, recuperando el 1-3-5-2 de comienzos de temporada para irse arriba a base de garra y consiguiendo el empate a falta de dos minutos. Un castigo molesto e inesperado para un København que había perdido a Jorgensen por lesión y había sacrificado los cambios para mantener el resultado, acabando con cuatro mediocentros.

Pero para el alborozo de los leones, uno de esos mediocentros, fue quién les terminó dando la copa. Brandur Olsen (1995), un chico feroés que ha debutado con la selección absoluta de su país, recogió en la frontal un pase filtrado por Poulsen para poner el balón – con su pierna menos buena- en la cepa del poste de un Vestsjaelland que apenas tuvo fuerzas para contestar.

Fue el final de la partida entre entrenadores que terminó resolviendo un peón que, se puede decir, pasaba por allí. Un peón feroés que le ha dado al København su sexta copa y el pretexto para salvar una temporada decepcionante en la capital. Mientras que dejó sin premio a la cenicienta que pese a poner en verdaderos problemas al grande, vuelve a Slagelse con las manos vacías.


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