viernes, 12 de diciembre de 2014

2014. El año de sus vidas

Corría el año 2003 cuando el dominio del Rosenborg pegaba sus últimos coletazos. Ya no estaban Rushfeldt o Carew, pero con Frode Johnsen y Harald Brattbakk en punta, los de Trondheim conseguían su séptimo doblete. Han tenido que pasar 11 años hasta que un equipo haya vuelto a demostrar una superioridad similar en Noruega, pero el Molde podrá decir que en 2014 hicieron historia.


Cuando el segundo día de 2014, el Cardiff City anunciaba a Ole Gunnar Solskjaer como nuevo manager, en Molde se cerraba la etapa más gloriosa de sus 103 años de historia. Un equipo que había conseguido las dos únicas ligas de su historia perdía a su creador a la par que a un buen puñado de piezas claves como Mats Möller Daehli o Jo Inge Berget, pero para sustituirlo se escogió a la persona ideal para darle continuidad al proyecto, Tor Ole Skurellud había hecho algo similar en la sub’21 noruega, terminando por conseguir el bronce en el Europeo de Israel.

Uno de los puntos a favor de Skurellud era su gran conocimiento de su nueva plantilla, ya que había tenido al núcleo en las selecciones inferiores noruegas, lo que le ayudó a que el equipo empezase a funcionar desde pronto, algo que Solskjaer no había logrado. 

Consiguió estabilizar a Nyland en la portería, siendo la temporada de mayor madurez – y menos errores- del cancerbero, que ha llegado a hacerse con el número 1 de Noruega. Y es que lo más destacable del Molde en 2014 ha sido la solidez defensiva, que ha logrado que todo su aparato defensivo sea convocado por el combinado nacional. La recuperación del mejor Forren estuvo acompañada por Hovland (que en verano se fue a la Bundesliga) hasta que fue sustituido por Toivio. En los laterales, Linnes ha sido la zona más débil pero lo compensaba en la parte ofensiva, donde junto a Per Egil Flo se convertía en un extremo para que sus coetáneos se fuesen para dentro.

En mediocampo, el discurso de Skullerud ha sido diferente tanto en cuanto ha ido prescindiendo del mediocentro puramente defensivo (en verano se fueron Hoseth y Ekpo) para dar cabida a dos medios (Singh-Hussain) de toque que mantuviesen la posesión y con ello, el control del partido el mayor tiempo posible. Y en ataque es dónde dejaba volar la imaginación de una de las plantillas con mayor pegada.

Moi Elyounoussi, con algún altibajo, ha sido de lo mejor de esta Tippeligaen (tal vez sólo superado por Samuelsen), anotando 13 goles desde el costado zurdo. Aunque lo mejor ha sido la explosión del revolucionado Guldbrandsen, que ha adelantado a Sigurdarson que llegó como estrella, como pareja de Chima Chukwu. Todo eso, unido al siempre minusvalorado trabajo de Moström, que ha sido titular indiscutible por las numerosas lesionas de Gatt, consiguió que el Molde únicamente perdiese un partido mientras el título estuvo en juego.

Y junto al tronco principal, el Molde ha seguido con su política de tener a los mejores jóvenes del país, dándole la alternativa a Ole Martin Rindarøy (hermano de Knut Olav), Eirk Hestad o Sander Svensen, además de firmar en verano a Ruben Gabrielsen.

Esta ha sido la plantilla que ha demostrado ser la mejor de Noruega, no sólo por haber dominado la Tippeligaen de cabo a rabo, sino que en Cupen, consiguió vencer en la final al sorprendente Odd hasta dejarlo sin ningún argumento. Algo tan difícil de conseguir como el doblete que seguramente hará recordar en el Aker Stadion, al año 2014 como el mejor de sus vidas.

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