sábado, 2 de agosto de 2014

Un sábado cualquiera

Es una tarde de Agosto. Calurosa y pesada, pero sacrificas la piscina porque te apetece ver a Martin Ødegaard, ese genio de 15 años que tiene loco a media Noruega. Y porque después, Zahid y Kjartansson visitan Stavanger. A cualquiera, esto le parece una locura, pero es porque no saben que está a punto de jugarse uno de los partidos más entretenidos del año. A primera hora de la tarde, Sogndal, el equipo defensivo por antonomasia de Tippeligaen, se planta en Drammen. Se defiende con uñas y dientes para no irse del partido. Está constantemente pendiente de Ødegaard y en el día que el mundo (llegaron a Drammen ojeadores de media Europa) estaba pendiente de él, lo seca y consigue sacar un punto…a balón parado, por supuesto. Pero lo bueno todavía está por llegar.

 

Vålerenga llega al Viking Stadion en una forma envidiable, es cierto que la retaguardia no termina de funcionar todo lo bien que le gustaría a Rekdal, pero delante tiene veneno. Decide adelantar la posición de Zahid, su conducción con la pelota pegada al pie y sus diagonales entre líneas volverán loco a Danielsen, un mediocentro reconvertido al lateral que a la primera no puede con el chaval de 19 años. En el primer duelo entre ellos dos, Danielsen tiene que hacer falta y se gana la tarjeta. Los centrales no han podido tapar un excelente movimiento de espaldas de Kjartansson y la tarjeta parece el mal menor, pero no es así, ya que el balón parado está fatal defendido y los de Oslo se adelantan.

Es el turno del Viking, que proyecta todo su ataque por la derecha, para que el desborde de Yann-Erik de Lanlay haga sufrir a una zaga bastante segura con Høgh al mando. Justo antes del descanso suceden dos jugadas bastante similares, una en cada área. Córner a una maraña de jugadores que impide al portero despejar, para que el partido se vaya al descanso con 1-2.

El inicio del segundo tiempo llegó marcado por la lesión de Høgh en un salto que termina con la cabeza golpeando en el suelo. Parece que el Enga lo pagará, Gunnarsson pasa al centro de la zaga y la seguridad de la primera parte parece esfumarse y cuando Thioune engancha un zapatazo con su pierna mala para poner el 2-2, todo pinta mal.

Pero en una tarde de sábado que te has quedado sin piscina, Zahid y Kjartansson deciden compensarte tu fidelidad. El noruego, que debería ser convocado por Høgmo más pronto que tarde, es una delicia combinando y apareciendo por todas partes, mientras que el delantero islandés es un martillo pilón, balón cerca del área que recoge, lo manda para dentro hasta conseguir un hat-trick.
Vidar Örn Kjartansson, suma a la facilidad para ver puerta, unos movimientos tremendamente rápidos y hábiles que le han permitido alcanzar los 18 goles en sus 18 primeros partidos fuera de Islandia. 
 
El partido se ha roto. Con el 2-5 en el marcador, Kjell Jonevret se lo juega todo a una carta, que el partido se vuelva loco también en el área visitante para lo que hace triple cambio, metiendo a Chikere (delantero fuerte que sepa bajar balones), Nisja (mediocentro con gol) y Hauger (un medio para el lateral diestro). Resumiendo, un órdago a la grande que al minuto está a punto de salirle mal si no llega a ser por una mano salvadora de Østbø, en un mano a mano frente a Zahid.

Pero poco a poco la jugada le va funcionando al entrenador sueco, los jugadores se lo van creyendo y el agujero dejado por Høgh en la defensa oslense empieza a tener consecuencias con las rupturas de Nisja, que hace enfurecer el Viking Stadion con dos goles en cinco minutos. En los últimos minutos, la heroica se había enfundado claramente la camiseta local y fue Sverrisson con un chut desde fuera del área quién tuvo el honor de colocar el empate a cinco. Al final, Langer evitó algo tan injusto como que alguien hubiese perdido. Porque cuando al final del partido, Sigurdsson y Grindheim chocaron sus manos (o sus cinco), sabían que habían dado un espectáculo a la altura de los más grandes. Un motivo perfecto para que aquellos que habían renegado del sol y el zambullirse en el líquido elemento, estén contentos de haberse quedado viéndoles un sábado cualquiera.


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